12/3/2013

SANZIJING, EL CLÁSICO DE TRES CARACTERES

Wang Yinglin, Sanzijing, El Clásico de Tres Caracteres;  Pliegos de Oriente, Trotta, Madrid , 2000.
Introducción, traducción y notas: Daniel Ibáñez Gómez




 «Los seres humanos en su origen son de una naturaleza esencialmente buena. Esta naturaleza nos acerca. Las costumbres nos separan». Desde el siglo XIII hasta prácticamente la actualidad,  los niños chinos han dado sus primeros pasos en la lectura con esta frase de Mencio que abre el Sanzijing o Clásico de los Tres Caracteres. Les confesaré que, a veces, cuando pienso que el «mi mamá me mima» de los chinos es una sentencia de un pensador del siglo IV a. C., me dan ganas de tirar la toalla y canalizar mis inquietudes orientales mediante el origami, el gangnam style o la limpieza de chakras. Por suerte, tengo amigos chinos que mienten muy bien y me animan a no claudicar ante su idioma. La tarea es ardua, sin duda, pero el camino está sembrado de joyas que invitan a continuar, y este breve manual de lectura que hoy nos ocupa es una de ellas. 
 El Sanzijing fue durante muchas generaciones uno  de los cimientos más básicos sobre el que China construyó su identidad. Su objetivo pedagógico, además de iniciar a los niños en la lectura, era familiarizarlos con los principios fundamentales de la moral confuciana, así como introducirles a materias como la historia, la ciencia, la música o la filosofía. En ese sentido, tiene mucho en común con nuestro catón o con las antiguas enciclopedias escolares. Lo que hace del Sanzijing una obra única es su asombrosa capacidad de síntesis y su disposición rítmica destinada a facilitar la memorización y la declamación. Dicho de manera  tosca, el Clásico de los Tres Caracteres sería algo así como un catecismo en verso de la cultura tradicional china. La versión canónica del libro consta de solamente 356 frases, todas ellas de tres caracteres –de ahí el título-, las cuales se agrupan a su vez en secuencias de cuatro frases y, por tanto, doce caracteres. Los caracteres sexto y duodécimo de cada secuencia riman entre sí.  Gracias a este esquema métrico, los valores confucianos empezaron a transmitirse de generación en generación con el rítmico canturreo -llamémoslo «Confucio style»- que podemos ver en el siguiente vídeo.



  Si bien el prestigio del Sanzijing llega hasta nuestros días, no podemos olvidar que este manual es fruto de una  época de enormes transformaciones sociales, económicas, científicas y filosóficas, la dinastía Song (960-1279), cuyo esplendor cultural ha sido a menudo comparado con el del Renacimiento europeo. Si nos ceñimos a los cambios relacionados con la educación, cabría destacar la creación de una amplia red de escuelas, bibliotecas públicas y academias privadas para el estudio de los clásicos (书院shuyuan), la invención de la imprenta, la sistematización de un canon de obras clásicas –el llamado canon confuciano-  o la consolidación del sistema de exámenes imperiales, puerta de acceso a la carrera burocrática abierta, en teoría, a todo ciudadano varón independientemente de su extracción social, aunque, en la práctica,  el nivel de exigencia de las pruebas obligara a una dedicación tan exclusiva que las posibilidades de éxito de los más humildes eran casi nulas. Aun así, la literatura china está plagada de historias de estudiantes pobres que intentan superar los exámenes, lo que demuestra que sí hubo una cierta movilidad social. 

 El sistema de exámenes imperiales propició la identificación entre la élite política y la élite intelectual. En este contexto, despunta el llamado neoconfucianismo, una muy elaborada filosofía moral y política que durante estos siglos reformuló y codificó los principios confucianos incorporándoles elementos budistas y taoístas –depurados de misticismo y pasados por el filtro de la racionalidad- con el objetivo de aunar las distintas tradiciones en una sola tradición central que funcionara como ideología unificadora y vertebradora del Estado. Si observamos la China contemporánea a la luz de su historia, en la rehabilitación de Confucio o en la recurrente noción de sociedad armoniosa (和谐社会, hexie shehui), parecen subyacer inquietudes similares a las de los mandarines de época Song y un objetivo común de forjar una síntesis ideológica que permita canalizar doctrinas discordantes o que, al menos, ponga en sordina cualquier propuesta que no esté al servicio de la cohesión social. De ahí la importancia concedida a la educación, tal vez el aglutinante social más eficaz, y a textos como el Sanzijing, cuya memorización inoculaba desde la más tierna infancia los principios básicos sobre los que se sustentaba el Imperio del Centro.
 El estudio, ya ensalzado desde la antigüedad por Confucio, se convierte en época Song en premisa indispensable para adquirir poder político y prestigio social, prestigio que es también ético, porque la virtud y el desarrollo intelectual van siempre de la mano en el idealismo confuciano. Wang Yinglin, letrado a quien se atribuye la autoría del Sanzijing, encarnó este ideal y, desde su posición de erudito y de alto funcionario, promovió la creación de academias para el estudio de los clásicos y contribuyó con su obra a difundir una moral y unos conocimientos entendidos como un todo inseparable para reformar los valores del pueblo. Sólo el estudio nos hace humanos, leemos en el Clásico de los Tres Caracteres: «El perro guarda la noche y el gallo anuncia la aurora. Si no estudiamos, ¿cómo llegaremos a ser personas? El gusano hila la seda, la abeja elabora la miel. Si los seres humanos no estudiamos, ni siquiera seremos como los animales».
 El Sanzijing, a pesar de su concisión y de ser una obra destinada a un público infantil, contiene una riqueza conceptual, doctrinal e histórica tan deslumbrante, que su lectura resulta muy recomendable para  cualquier persona interesada en la tradición china o, incluso, para cualquier estudiante del idioma que desee hacer una inmersión en el método pedagógico con el que, durante tantos siglos, los niños chinos aprendieron a leer. Aquí apenas he podido esbozar  unos detalles sobre su contenido. Entre las muchas virtudes de esta edición de Daniel Ibáñez Gómez, destacaría su imprescindible y muy documentado prólogo y, sobre todo, las esclarecedoras notas que acompañan a cada una de las secuencias del original. Confieso haber leído con más interés algunas notas que las casi telegráficas frases a las que se referían. Por ejemplo, a partir de una frase tan críptica como «del uno al diez, del diez al cien, del cien al mil, del mil al diez mil», Daniel Ibáñez Gómez nos ofrece unos breves, pero muy interesantes datos sobre numerología china; o nos desglosa la historia y la enseñanza que se oculta tras esta misteriosa frase: «Uno se ató el pelo a una viga; otro se pinchaba las piernas con una lezna. Aunque nadie se lo ordenó, por sí mismos tuvieron aguante y aplicación».

 El Sanzijing no es -ni mucho menos- letra muerta, sino que forma parte del patrimonio cultural chino hasta tal punto que algunas de sus frases se han convertido en locuciones del lenguaje coloquial y su sonsonete circula todavía hoy por escuelas, vídeos de Internet, anuncios publicitarios, aplicaciones para i-phone, etc. Lo podemos comprobar en este breve recorrido por la evolución del Sanzijing que les presento a continuación.

                                      

Ejemplares clásicos de época imperial. El primero es una xilografía del período Kangxi (1662-1722), dinastía Qing. El segundo y el tercero pertenecen a un mismo ejemplar sin datación exacta.









Cuando los jesuitas llegan a China hacia finales del siglo XVI, comprendieron pronto la importancia del Sanzijing. En primer lugarcomo manual para aprender el idioma y, posteriormente, como potencial instrumento de evangelización. Así nació el llamado Sanzijing Cristiano, que mantiene la estructura trimétrica del original, pero sustituye las enseñanzas confucianas por la doctrina cristiana. 






 En una sociedad tan patriarcal como la China imperial, el acceso de la mujer a la educación era poco menos que imposible. El Sanzijing y todas las demás obras pedagógicas estaban dirigidas exclusivamente a estudiantes varones. Sin embargo, hacia finales de la dinastía Ming (1368-1644), se publica una obrita inspirada en el Sanzijing, pero destinada a la educación femenina. Se trata del Nuer jing (女儿经) o Clásico de las niñas. Su contenido, lejos de las lecciones de cultura general o las  sentencias doctrinales de su pariente masculino, es más una lista de órdenes o un código de buena conducta para niñas "ejemplares": obedece, levántate pronto, respeta a tus padres, prepara el té, sé limpia y aseada, aprende a coser, etc. En este enlace, tienen todo el Clásico de las niñas en chino simplificado.

 Cuando en 1949 el Partido Comunista Chino toma el poder, la herencia confuciana cae en desgracia. El Sanzijing desaparece de las escuelas por ser considerado un ponzoñoso vehículo de ideas feudales. No obstante, el poder didáctico del canturreo de los tres caracteres es algo ya tan asimilado por el pueblo chino, que los líderes comunistas deciden adaptarlo a su doctrina y componen el Renmin Jundui Sanzijing (人民军队三字经) o Clásico de los Tres Caracteres del Ejército Popular.  










 También de época maoísta es esta campaña informativa para la prevención de la malaria. En este caso, la enseñanza transmitida por los tres caracteres es la siguiente: «La malaria daña al pueblo/proviene del plasmodium/la difunden los mosquitos./Tras su picadura/contraes la enfermedad,/sientes frío/después fiebre/dolor de cabeza y sudor./En julio y agosto/es fácil contraer la enfermedad./Una vez infectado/se debilitan las cuatro extremidades/la cara se pone amarilla/y el bazo se hincha./ En la temporada de labranza/no puedes trabajar». 




 Ya en la actualidad, rescatado Confucio del purgatorio, los niños pueden volver a cantar a la piedad filial, a la rectitud y a la benevolencia gracias a estas nuevas ediciones del Sanzijing con CD incluido. 






Hay quien se entretiene jugando al cubo de Rubik de los tres caracteres. 



 Otros prefieren ejercitar la memoria con juegos neoconfucianos on line. Aquí les dejo este enlace por si les apetece jugar una partida. 



 Los seres humanos en su origen son de una naturaleza esencialmente buena. Esa naturaleza nos acerca. Los iPhones nos separan. 



 Las grandes corporaciones no han querido ser menos que los jesuitas o los comunistas de antaño y los publicistas recurren hoy también a los tres caracteres para vender sus productos. Un ejemplo lo tienen en este anuncio de Colgate que fomenta la higiene bucodental  a ritmo de Sanzijing«Una buena madre/ debería saber/ que Colgate/es rico en calcio/previene el deterioro de los dientes/ es muy eficaz/ la fuerza y la salud/preserva./¡Que la belleza y la blancura/florezcan!/Toda la familia puede usarlo/todos juntos ahora».






 Por último, un post dedicado a un clásico de la educación en China  no podía terminar sin un guiño a ese otro clásico viral contemporáneo: los vídeos de niños prodigio asiáticos. ¿Qué les parecen los tiernos gorjeos de esta criatura?


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada